In Prisma

Julio 5, 2008

Me molesta que haya tan pocos colores. En realidad, de que seamos capaces de ver e interpretar como color una parte tan reducida del espectro electromagnético, siendo más específico (o siendo mas wikipedio). Puede ser que la escala cromática sea muy amplia, a pesar de haber pocos colores primarios, y de que haya cientos de matices e incluso una variedad asombrosa. Pero, para mi son pocos. A veces siento que quisiera añadir color a algo que hago, con otro color, uno que este en otro rango, y combine mejor. Que si, no conozco, y no puedo describir, pero se que tiene que existir, mas allá de los cianes, magentas y amarillos. Me siento limitado, aprisionado, contra algo imposible. Si, es un delirio.

Pero después de todo, hay aves y otros seres que son capaces de percibir mas colores. Y no es justo, supuestamente eramos más avanzados los humanos.

Malditos bichos.

Llueve, hace frío. Con el tiempo corriendo, imparable, como de costumbre. Sin lugar para eventualidades, salgo de mi casa, en dirección a una parada de una linea de colectivos que me tendría que llevar al destino de esta tarde. Cuando estoy a una cuadra, por un acto reflejo, miro hacia atrás, y tengo la trágica confirmación del peor de mis pensamientos, eso que suele pasar cuando estoy apurado: el colectivo que tengo que tomar está viniendo, y no hay señal de que vaya a parar. El semáforo esta en verde, ningún alma solitaria espera para tomarlo. Así que, empiezo a correr, y corro lo más rápido posible. Soy flaco, y corro rápido, pero, lástima, no llego. Sin tiempo para dudarlo, elijo el plan B: corro de nuevo, hasta la próxima parada, pero tomando un atajo, por una diagonal. Me esfuerzo, salto charcos, me aliento porque falta poco, estoy casi por llegar, a unos metros, doblo por la diagonal, y…mala suerte. El semáforo de esa esquina lanza la verde invitación a acelerar, sin piedad, y el colectivo se aleja campante, sin culpas, sin saber que otra vez abandona a un pasajero que necesitaba de sus servicios.

Con resignación, pero sobre todo agitado por la carrera, me quedo parado, expectante. Después de unos minutos, pasa otro colectivo, de otra linea, y frena en la esquina, esperando el cambio de señal. En el acto lo pienso, y saco la conclusión de que esta linea también me lleva a donde voy, aunque me deja a unas cuadras. Entonces voy hacia la puerta delantera, y la toco. Pero no es suficiente; bajo la lluvia y la mirada dominante e inexpresiva del conductor, tengo que suplicar para tener la posibilidad de subir, tratando de conmover su alma transportista. Finalmente lo logro, y agradeciendo una vez dentro, su infinita bondad y misericordia hacia un simple pasajero, pido un boleto. La aventura no termina acá, porque la vieja máquina expendedora me rechaza todas las monedas, o se traba, o me las tira de nuevo. Trato de luchar, sólo por conseguir un pedacito de papel con unos números. Al final, encuentro en mi mochila una moneda más grande, que al parecer fue del agrado de la máquina, porque finalmente me la acepto presurosa y sin quejarse.

Vencidos todos los obstáculos, empapado, nervioso, voy a sentarme, pero se me ocurre caminar el preciso momento que el colectivo da unas vueltas, y por el movimiento, se me escapa con furia, como si buscara la oportunidad de ser libre, una monedita. La persigo, igual que un guardia persigue a un preso que quiere fugarse; pero rueda más rápido, y cuando la estoy por agarrar, se tira velozmente a la calle por el hueco inferior de la puerta de salida, dejándome desconcertado, aturdido, lo que me genera una sonrisa espontánea. Ganó la moneda. Me siento, cansado, pero con la misión cumplida. Todo lo que hay que hacer para viajar! Como dijo alguien alguna vez: “Viajar es una buena forma de aprender y de superar miedos”. Yo, espero superarlos pronto.

Read the rest of this entry »

No me Gusta

Junio 18, 2008

…que una camisa apriete el cuello o la nuca. No lo soporto, ni en mi, ni en otro. No puedo verlo, me da nauseas, impresión, ganas de destruir la camisa y su cuello maldito.

Me supera.

No me Gusta

Junio 14, 2008

Dormir mal. Lo odio.

Ya sea insomnio propio, o alguien/algo que molesta, una de las peores cosas que me pueden pasar es levantarme con la sensación de estar el doble de cansado que cuando me acosté.

Obvio que cuando salgo y vuelvo tarde no me fijo en eso, pero en el resto de las situaciones (incluso cuando me quedo estudiando hasta tarde), no lo soporto.

Y no, no me van todas esas boludeces de la ducha fría y demás barrabasadas; yo, si tengo sueño, duermo. Y si por una razón de peso no puedo dormir, me la banco hasta que pueda. Punto.

Con mi sueño no se jode.