Think Biscuit (X 8)

Junio 21, 2008

I. A veces siento que me estanco. Y desde el interior surge como un silencioso bramido, desesperanza. Cruda, desgarradora. Me caigo otra vez en un pozo. Si, en ese del que siempre salgo sin saber como.

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II. Soy huérfano de peluquería. Jamás encontré una que me dejara conforme. Tengo un oscuro resentimiento para con el género y la profesión de cortadores rapaces. Y pasa el tiempo, y se me van las ganas de seguir buscando e intentando. Hay mas posibilidades de quedar defraudado, que de no quedarlo, por evidencia estadística. Igual, seguro que la próxima vez que me rompa las pelotas el flequillo, me ilusiono con encontrar la que me corresponde, la ideal, que me hagan un buen corte, y ser feliz para siempre.

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III. Cuando me canso de pelear, me aburre, me dan ganas de largar todo. A la mierda. Y lo primero que hago, es dejar de hablar. Si dejo de hablar, es que algo está muy mal. Puedo pasar días enteros sin volver a dirigirle la palabra a alguien -como hacía con mis viejos cuando era chico por semanas enteras- aunque una vez que perdoné (y tengo buena predisposición para eso), olvido todo, y no guardo rencor. El problema es que algunos piensan que el que calla, otorga. Lo toman como una victoria. Y mis intenciones de enojo quedan truncas; para explicar porqué manifiesto mi muda protesta, tengo que hablar.

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IV. De chico, creía que todas las sensaciones, sentimientos, pensamientos, y emociones mías, eran una verdad universal, algo que los demás podían tener o no, pero que comprendían a la perfección, como un lenguaje internacional. Fue una gran revelación, casi una rapto de sabiduría momentánea (!), darme cuenta de más grande, que los individuos viven en sus mundos subjetivos, y cada uno puede llegar a imaginar, o establecer semejanzas incluso, con el interior de otra persona, pero nunca va a saber por completo, ni va a poder entender por completo, lo que hay en su mundo. Somos únicos, como todos.

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V. También de chico, vivía sábados temáticos. No era algo que me propusiera, pero los sábados, absolutamente todos, tenían personalidad, mas que cualquier otro dia. Lo podía sentir. Así me encontraba con Sábados Western, Sábados Ingleses, Sábados Japoneses, de Furia, Marginales, Mortuorios, Naturales, Arqueológicos, Animaniacos, Granjeros, Tecnológicos, Vintage, Automovilísticos, Tarzánicos, Turísticos, Montañosos, Cretáceos, Futuristas, Apocalípticos, Deportivos, Acuáticos, y una lista muy larga que de a poco voy recordando. En esos Sábados, dependiendo las ganas y el humor que tuviera, vivia según el tema, desde que me levantaba, hasta que me acostaba. No era sólo un juego, era la forma en la que tenía que vivir ese día. A veces lo disfrutaba, me divertía, hacia juegos, me proponía consignas. A veces no, sentia una terrible angustia, o curiosidad, dependía. A veces no le daba mucha importancia, otras si, pero siempre lo sentía. También podía pasar que un Sábado que empezara de una forma, terminara de otra. Pero eran los menos.

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VI. Me pasa seguido, que escucho, o leo, o me llegan de alguna forma, frases o ideas, que me quedan marcadas a fuego. Las recuerdo continuamente, o cuando estoy ante una situación que las invoca, como si fueran ecos de una sabiduría ancestral adquirida de un viejo maestro en la montaña. Lo que pasa es que algunas son puras boludeces. También me pasa, que al escuchar, o leer, alguna frase o idea de ese estilo, me digo conscientemente: “esta es una de esas cosas que vas a recordar por siempre”. Un minuto después mi mente la termina eliminando por completo.

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VII. Nunca creí, ni creo en los horóscopos. Me parece una estupidez que alguien pueda aceptar que lo que diga una revista o un diario o un sticker de un chicle, sea el destino escrito para miles de personas distintas que lo único que comparten es una fecha de nacimiento parecida. Bue, ni parecida, sino dentro de un periodo temporal acotado. Igualmente, cuando me encuentro con un horóscopo, no puedo dejar de leer que pronostican para Géminis, aunque sea solo para reírme.

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VIII. Cuando hay muchos dias de sol calmos, familiares, necesito, imperiosamente, un dia de tormentas, truenos, viento, lluvia. Furioso, torrencial. Aunque sea solo de noche, por unos minutos, sin previo aviso. Me calma, y me revive. Después, si, puedo volver a disfrutar en paz de los dias soleados.

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