E=Cereal²
Junio 29, 2008

Barritas de cereal energéticas Einstein.
“Relativamente deliciosas”
De esas cosas que uno piensa, “se me podría haber ocurrido a mi”
Honestidad Brutal
Junio 29, 2008
Un día de estos, estaba por comprar un snack por la calle. Paso por un kiosquito, y entro.
El lugar era un localcito chico, con un pasillo estrecho de no mas de dos metros, donde del lado izquierdo, estaban las estanterías típicas de kiosco, llenas de golosinas, colorantes artificiales y sabor industrialmente mágico e instantáneo. Justo enfrente, del lado derecho, una heladera con gaseosas, y al lado, casi en la entrada, unos estantes con papas fritas, conos, y demás. Eso es lo primero que vi cuando entre, y donde me quede comparando precios. Todo una estafa, un insulto a la racionalidad del consumidor, con precios remarcados 2 o 3 pesos por encima de cualquier otro kiosco o supermercado. (No suelo quejarme de los precios como las viejas cotorras que salen en el noticiero de la tarde cuando van al almacén, si no me gusta, no compro, y listo. Pero en este caso y sólo por la historia vale aclarar la avivada del comerciante)
A todo eso, la kiosquera (presumiblemente la dueña), estaba en el fondo, de espaldas a la calle, inclinada hablando con un hombre (presumiblemente un proveedor). No me escucharon al entrar. Segundos depués, terminé de decidir que no iba a comprar nada ahí, y salgo. Supongo que en ese momento me habrán escuchado, o me habrán visto, o habrán sentido por algún medio de percepción extrasensorial mi retirada.
Entonces, sale la vendedora, y con una sonrisa muy grande y muy comerciante, me dice:
-¿Te puedo ofrecer algo?
Yo, entre la sensación de estar presionado para comprar algo, y también con una culpa autogenerada por imaginar que en la mente de la mujer, yo era un villano ladronzuelo que aprovecha malevolamente las situaciones donde los vendedores están desprevenidos para llenarse de miles de alfajores y chocolates bajo la campera, me vi en una encrucijada mental que requería de mi firme valor y convicción, para resolver cualquier hecho con coraje bizarro y de segunda marca: había que decir la verdad.
-No, gracias, tenés muy caro todo, así que no quiero nada.
La sonrisa se le quedó pegada a la cara, pero no hizo ni una mueca. Yo me di la vuelta, y seguí mi camino.
Si me agarran desprevenido, escupo todo lo que pienso.
Cosas
Junio 29, 2008
No me gustaría vivir en un edificio alto, en una zona donde no haya edificios altos.
Me sentiría abandonado, desprotegido, rechazado.
Idiotas
Junio 25, 2008
El mundo está lleno de idiotas.
Es lo que termino pensando al final del día. Y no hablo de los que tienen un problema serio, o los ignorantes rasos, porque todos fuimos, o somos y seremos ignorantes en alguna cuestión, indefectiblemente. De los que hablo son de los idiotas que surgen todos los días, que salen en todos lados, que tienen prensa, que opinan de lo que no saben ni les interesa conocer en profundidad, que influyen en mas idiotas, y que terminan siendo los que dirigen las ideas de las masas. Los idiotas que creen que no lo son. La intelectualidad simplista. Los que creen lo primero que se les muestra sin preguntarse nada más. Los que no les importa pensar antes de hablar, justificar, ni debatir, en el mejor de los casos.
Hay tal cantidad de estas personas, o de estas formas de ser, que uno termina por cansarse de la gente en general. Todos podemos cometer errores, decir tonterías, pero estos idiotas no pueden parar de hacerlo. Y lo peor es que están convencidos de lo que dicen, aunque lo que afirman tenga tanto fundamento como el interior de un tubo de vacío. No se como hacen para tener esa habilidad espontánea de sacar conclusiones certeras, con escasos o incluso nulos datos. De convencerse, convencer, con sus explicaciones, y generar reglas casi axiomáticas que se esparcen y difunden rápidamente. Aplicar todo tipo de prejuicios, falacias, fanatismos, y significados erróneos, descontextualizados, en sus ideas. Es contagioso; es exasperante, y es repugnante ver como termina afectando a personas que en algún momento de su vida intentaron pensar un poquito mas allá. Tampoco entiendo como gente que supera la mitad de la vida, que uno considera experimentada y por ende mas sabia, abandone el espíritu explorador de la juventud, y se termine inclinando a priori por explicaciones místicas, paranormales, increíbles, fantasiosas, fáciles, para entender su entorno; antes que buscar en su interior una respuesta que pertenezca a este mundo, a esta vida, a este tiempo, a esta humanidad. No está tan lejos, y sería mas trabajoso, pero mas creíble, creo. (Ojo, que no me parece malo, ni soy quién para juzgar si alguien tiene ideas o creencias de este tipo, solo me molesta los que las usan como escudo para su pereza por investigar y aprender.)
Cosa Nostra
Junio 24, 2008
“…le dan un golpe de L’Hôpital. Si la indeterminación se resiste, otro golpe de L’Hôpital , y termina de caer muerta. No hay que tenerle piedad.”
-Enseñando como asesinar serialmente indeterminaciones en un límite. Dicho por una profesora que se apasiona por la matemática, y por películas de acción, seguramente.
Nokia Tune
Junio 22, 2008
Una duda que nunca tuve: ¿de donde salió ese insufrible Nokia Tune, que plaga todos los horripilantes y deformes pero avanzados celulares Nokia, en todos los rincones, en todo el mundo?
La respuesta, a los 00:15 segundos:
Una canción española del siglo XIX, “Gran Vals”.
La melodía es muy agradable, lástima que ese fragmento lo haya escuchado hasta el hartazgo en casa, en la facultad, en la oficina…
Think Biscuit (X 8)
Junio 21, 2008
I. A veces siento que me estanco. Y desde el interior surge como un silencioso bramido, desesperanza. Cruda, desgarradora. Me caigo otra vez en un pozo. Si, en ese del que siempre salgo sin saber como.
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II. Soy huérfano de peluquería. Jamás encontré una que me dejara conforme. Tengo un oscuro resentimiento para con el género y la profesión de cortadores rapaces. Y pasa el tiempo, y se me van las ganas de seguir buscando e intentando. Hay mas posibilidades de quedar defraudado, que de no quedarlo, por evidencia estadística. Igual, seguro que la próxima vez que me rompa las pelotas el flequillo, me ilusiono con encontrar la que me corresponde, la ideal, que me hagan un buen corte, y ser feliz para siempre.
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III. Cuando me canso de pelear, me aburre, me dan ganas de largar todo. A la mierda. Y lo primero que hago, es dejar de hablar. Si dejo de hablar, es que algo está muy mal. Puedo pasar días enteros sin volver a dirigirle la palabra a alguien -como hacía con mis viejos cuando era chico por semanas enteras- aunque una vez que perdoné (y tengo buena predisposición para eso), olvido todo, y no guardo rencor. El problema es que algunos piensan que el que calla, otorga. Lo toman como una victoria. Y mis intenciones de enojo quedan truncas; para explicar porqué manifiesto mi muda protesta, tengo que hablar.
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IV. De chico, creía que todas las sensaciones, sentimientos, pensamientos, y emociones mías, eran una verdad universal, algo que los demás podían tener o no, pero que comprendían a la perfección, como un lenguaje internacional. Fue una gran revelación, casi una rapto de sabiduría momentánea (!), darme cuenta de más grande, que los individuos viven en sus mundos subjetivos, y cada uno puede llegar a imaginar, o establecer semejanzas incluso, con el interior de otra persona, pero nunca va a saber por completo, ni va a poder entender por completo, lo que hay en su mundo. Somos únicos, como todos.
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V. También de chico, vivía sábados temáticos. No era algo que me propusiera, pero los sábados, absolutamente todos, tenían personalidad, mas que cualquier otro dia. Lo podía sentir. Así me encontraba con Sábados Western, Sábados Ingleses, Sábados Japoneses, de Furia, Marginales, Mortuorios, Naturales, Arqueológicos, Animaniacos, Granjeros, Tecnológicos, Vintage, Automovilísticos, Tarzánicos, Turísticos, Montañosos, Cretáceos, Futuristas, Apocalípticos, Deportivos, Acuáticos, y una lista muy larga que de a poco voy recordando. En esos Sábados, dependiendo las ganas y el humor que tuviera, vivia según el tema, desde que me levantaba, hasta que me acostaba. No era sólo un juego, era la forma en la que tenía que vivir ese día. A veces lo disfrutaba, me divertía, hacia juegos, me proponía consignas. A veces no, sentia una terrible angustia, o curiosidad, dependía. A veces no le daba mucha importancia, otras si, pero siempre lo sentía. También podía pasar que un Sábado que empezara de una forma, terminara de otra. Pero eran los menos.
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VI. Me pasa seguido, que escucho, o leo, o me llegan de alguna forma, frases o ideas, que me quedan marcadas a fuego. Las recuerdo continuamente, o cuando estoy ante una situación que las invoca, como si fueran ecos de una sabiduría ancestral adquirida de un viejo maestro en la montaña. Lo que pasa es que algunas son puras boludeces. También me pasa, que al escuchar, o leer, alguna frase o idea de ese estilo, me digo conscientemente: “esta es una de esas cosas que vas a recordar por siempre”. Un minuto después mi mente la termina eliminando por completo.
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VII. Nunca creí, ni creo en los horóscopos. Me parece una estupidez que alguien pueda aceptar que lo que diga una revista o un diario o un sticker de un chicle, sea el destino escrito para miles de personas distintas que lo único que comparten es una fecha de nacimiento parecida. Bue, ni parecida, sino dentro de un periodo temporal acotado. Igualmente, cuando me encuentro con un horóscopo, no puedo dejar de leer que pronostican para Géminis, aunque sea solo para reírme.
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VIII. Cuando hay muchos dias de sol calmos, familiares, necesito, imperiosamente, un dia de tormentas, truenos, viento, lluvia. Furioso, torrencial. Aunque sea solo de noche, por unos minutos, sin previo aviso. Me calma, y me revive. Después, si, puedo volver a disfrutar en paz de los dias soleados.
La Frase del Día
Junio 21, 2008
“El mejor argumento en contra de la democracia es una conversación de cinco minutos con el votante medio.”
-Winston Churchill
Disclaimer: La Frase del Día no necesariamente refleja las opiniones del autor del Blog. A veces piensa, y a veces no.
Porqué no me Gustan los Colectivos
Junio 19, 2008
Llueve, hace frío. Con el tiempo corriendo, imparable, como de costumbre. Sin lugar para eventualidades, salgo de mi casa, en dirección a una parada de una linea de colectivos que me tendría que llevar al destino de esta tarde. Cuando estoy a una cuadra, por un acto reflejo, miro hacia atrás, y tengo la trágica confirmación del peor de mis pensamientos, eso que suele pasar cuando estoy apurado: el colectivo que tengo que tomar está viniendo, y no hay señal de que vaya a parar. El semáforo esta en verde, ningún alma solitaria espera para tomarlo. Así que, empiezo a correr, y corro lo más rápido posible. Soy flaco, y corro rápido, pero, lástima, no llego. Sin tiempo para dudarlo, elijo el plan B: corro de nuevo, hasta la próxima parada, pero tomando un atajo, por una diagonal. Me esfuerzo, salto charcos, me aliento porque falta poco, estoy casi por llegar, a unos metros, doblo por la diagonal, y…mala suerte. El semáforo de esa esquina lanza la verde invitación a acelerar, sin piedad, y el colectivo se aleja campante, sin culpas, sin saber que otra vez abandona a un pasajero que necesitaba de sus servicios.
Con resignación, pero sobre todo agitado por la carrera, me quedo parado, expectante. Después de unos minutos, pasa otro colectivo, de otra linea, y frena en la esquina, esperando el cambio de señal. En el acto lo pienso, y saco la conclusión de que esta linea también me lleva a donde voy, aunque me deja a unas cuadras. Entonces voy hacia la puerta delantera, y la toco. Pero no es suficiente; bajo la lluvia y la mirada dominante e inexpresiva del conductor, tengo que suplicar para tener la posibilidad de subir, tratando de conmover su alma transportista. Finalmente lo logro, y agradeciendo una vez dentro, su infinita bondad y misericordia hacia un simple pasajero, pido un boleto. La aventura no termina acá, porque la vieja máquina expendedora me rechaza todas las monedas, o se traba, o me las tira de nuevo. Trato de luchar, sólo por conseguir un pedacito de papel con unos números. Al final, encuentro en mi mochila una moneda más grande, que al parecer fue del agrado de la máquina, porque finalmente me la acepto presurosa y sin quejarse.
Vencidos todos los obstáculos, empapado, nervioso, voy a sentarme, pero se me ocurre caminar el preciso momento que el colectivo da unas vueltas, y por el movimiento, se me escapa con furia, como si buscara la oportunidad de ser libre, una monedita. La persigo, igual que un guardia persigue a un preso que quiere fugarse; pero rueda más rápido, y cuando la estoy por agarrar, se tira velozmente a la calle por el hueco inferior de la puerta de salida, dejándome desconcertado, aturdido, lo que me genera una sonrisa espontánea. Ganó la moneda. Me siento, cansado, pero con la misión cumplida. Todo lo que hay que hacer para viajar! Como dijo alguien alguna vez: “Viajar es una buena forma de aprender y de superar miedos”. Yo, espero superarlos pronto.



